Werken, esencia patagónica y un desafío sin precedentes
La banda de heavy metal de Comodoro Rivadavia presenta este sábado “Hielo eterno” en Buenos Aires. Una intención que surgió años atrás, cuando parte de sus integrantes buscó instalarse en la gran ciudad, se reinventó en un fortuito regreso a la tierra de los vientos, desde donde Werken logró hacerse de un nombre y de una fortaleza que no había encontrado lejos de casa. “Nunca claudicamos. Es como cuando un animal está medio muerto y vuelve a revivir”, asegura su cantante y fundador, Sandro Siracusa.
El metal ancestral de Werken escribirá un nuevo capítulo en Capital Federal y no será uno más, sino que se trata de la presentación oficial de “Hielo eterno”, su cuarto álbum, lanzado en enero de este año. La cita será este sábado desde las 23:00 en El Emergente (Francisco Acuña de Figueroa 1030, CABA), donde los comodorenses estarán acompañados por los invitados Hamvides, Sueño Mortal y Kontratodo.
PATAGONIA EN ESCENA fue testigo directo de la última prueba en Riff Sala de Ensayos, antes de emprender viaje a esta nueva aventura, y su cantante Sandro Siracusa ilustró una historia digna de aquellos que persiguen sus sueños pese a todo, hasta alcanzar una gloria que va más allá de cualquier “éxito” efímero.
Hoy, con Lucas Falcón y David Barría en guitarras y coros, Gabriel Chaile en batería y Elías Sáez en bajo, el fundador de una banda que ya cuenta con cuatro discos y más de 15 años, se siente totalmente rejuvenecido a sus 63 años, con músicos que no habían nacido cuando vio a Los Jaivas a sus 12 años en Comodoro Rivadavia.

“LAS CIRCUNSTANCIAS NOS LLEVARON A ESTO”
Cuervo Records es el sello encargado de lanzar “Hielo eterno” y de cranear esta presentación en Buenos Aires. A partir de esa data, arranca la charla. “Las circunstancias nos llevaron a esto, porque Lucas, de Cuervo Records, nos dijo que le gustaría que lo presentemos en Buenos Aires, ya que su idea es que la banda se haga más conocida allá”, comenta Siracusa.
El proyecto se gestó en marzo, después de tocar junto a Bertoncelli y Horcas. No lo planificaron demasiado. “Nuestra idea era preparar todo y salir con el disco desde Comodoro, pero la situación se dio así. Y nuestro mánager, Diego Álvarez, que también es el mánager de Lethal, igual nos dijo que lo presentáramos allá. Se dio sin buscarlo”, afirma.
Pero antes hubo otra reunión fortuita, que terminó siendo reveladora. “Fui a Buenos Aires a ver a Glenn Hughes, uno de mis ídolos. Justamente, David Barría estaba allá. Fue una casualidad. Nos encontramos con Diego Álvarez y también nos juntamos con Lucas, que ya estaba procesando el material que le habíamos dado. El disco se metió casi a lo último de lo que produjo el sello el año pasado. Lucas nos dijo ‘metí el disco de ustedes porque me gustó mucho la onda y quiero que una banda de la Patagonia esté en mi sello’. Eso nos cambió la cabeza. Gracias a ellos, a su impulso, estamos otra vez con un pie en Buenos Aires”, reconoce.

TRASCENDER DESDE LA PROPIA RAÍZ
Varios músicos desfilaron por Werken. La mayoría de los que estuvieron y quienes hoy integran la banda, se encaminaron hacia un objetivo trazado por su fundador: trascender. “Siempre tuvimos en la cabeza la idea de que la banda trascendiera, pero no por un capricho, sino por la intención de salir, de probarse en Buenos Aires. Pensábamos que el punto de partida tenía que ser Buenos Aires, algo que a nivel geográfico es lógico, pero no a nivel humano, porque parte de la banda no podía estar allá”, admite.
Junto al bajista Ariel Morales, quien formó parte del grupo hasta hace poco más de un año, Siracusa montó un pequeño estudio con la intención de instalarse en Capital Federal. “El proyecto era quedarse allá. Se sumó Manuel Fresno y con él compusimos todo el disco ‘Tierra salvaje’, pero nos faltaba una formación estable. Por un lado, estuvo bueno, porque pudimos tocar mucho por todos lados, pero no había esto que hay hoy en Werken, esta solidez de tirar todos para adelante, con músicos que le dan prioridad al proyecto”, reflexiona.
Cuestiones personales que requerían atención inmediata, junto a lo que significó el aislamiento obligatorio por la pandemia, encontraron a la banda nuevamente en Comodoro. “Antes ya se había incorporado Lucas Falcón y un baterista de acá, así que volvíamos a ser una banda comodorense. La pandemia terminó de reafirmar eso. Es decir, por una cuestión del destino, terminamos todos de nuevo acá y lo de Buenos Aires quedó como una intención”, explica Siracusa.
EL PREMIO A LA PERSEVERANCIA
Pese a las idas y venidas, a los encuentros y desencuentros, nunca se perdió el objetivo de combatir cada tormenta y persistir. “Nunca claudicamos. Podíamos tener parates, pero nunca en la composición. Nunca se terminó Werken. Nunca se separó. Es como cuando un animal está medio muerto y vuelve a revivir”, grafica.
Con ese ímpetu, encaraban cada oportunidad de tocar, así estuvieran incompletos. “Si salía alguna fecha, íbamos, sea como sea. Hemos pecado de ser muy desprolijos, porque si nos faltaba alguno, íbamos igual. Siempre tuvimos el ‘sí’ fácil para las fechas”, confiesa Sandro, a modo de broma, pero con total sinceridad.
Gracias a que asumieron esos riesgos, se toparon con el actual baterista, hace seis años y medio. “Un mes antes de que empezara todo el lío del Covid, aceptamos una fecha en El Bolsón, pero había que buscar músicos. Estaba Lucas, estaba Ariel, estaba yo, que tenía que venir desde Buenos Aires, y ahí entra Gaby Chaile. Y desde que entró, no se fue más. Yo no lo había tratado nunca. Nos presentaron cuando subimos a la chata. Y teníamos que tocar a la noche. Ellos habían ensayado con Gaby, pero yo no. Así nos fuimos a El Bolsón, ensayados, pero no ensamblados. Gaby iba escuchando los temas y ahí charlábamos sobre cómo hacer esto o lo otro. Fue bastante cómico”, rememora.

EL DOLOR, EL REGRESO, EL “SEXTO HOMBRE” Y UN HOGAR DE PUERTAS ABIERTAS
Una situación dolorosa, sumada a lo que estaba pasando con la pandemia, hicieron el click definitivo en Sandro, lo que significó un renacer personal que decantó de la misma manera en la banda. “Había fallecido mi mamá, vino todo este tema del Covid y decido volver a vivir en Comodoro. Ariel ya estaba acá, arrancamos con Gaby y al poquito tiempo entra David Barría. Desde esa época, 2020, no hubo cambios, hasta hace poco (NdR: con la salida de Ariel Morales y el ingreso de Elías Sáez en el bajo).
Con el tiempo, el rompecabezas se completó con un integrante muy importante que, si bien no está en el escenario, tuvo mucho que ver con este disco que presenta Werken. “Después de que se incorpora David, de alguna manera, se suma su hermano, porque él produjo los temas con nosotros, empezó a grabar las maquetas e hizo muchos aportes compositivos. Así que José Barría es el sexto hombre”, remarca.
A su vez, a modo personal, encontró un hogar de puertas abiertas, en esa casa donde se gestó el álbum. “Me recibieron muy bien desde el primer día. Le agradecemos mucho al papá de David, que hoy no está entre nosotros, pero él apoyó siempre mucho a sus hijos y nosotros encontramos ese apoyo. Desde el primer día que empecé a ir a la casa, a trabajar con la música, fue un contacto muy lindo. Me sentía como en mi casa”, reconoce.

DE LA OSCURIDAD A RECUPERAR LA ENERGÍA QUE SE HABÍA PERDIDO
Definitivamente, Werken se reencontró con una esencia que siempre estuvo, aunque nunca tan vital como hoy. “Hay algo que se dio naturalmente. Nos dimos cuenta que, si bien cualquier persona puede tocar la música, si no está en la banda, no tiene la misma esencia. No se puede reemplazar. Por una emergencia, sí, pero una banda se construye cuando hay armonía entre las personas que están. Esa es la piedra fundamental y lo que hoy tenemos en Werken. Por una cosa u otra, siempre encontramos la esencia desde acá”, enfatiza.
Y esa luz que hoy guía a la banda, es la misma que le marcó el camino a Sandro en tiempos difíciles. “Me hizo muy bien volver, porque había pasado por una etapa oscura en mi vida y me estaba haciendo mal estar lejos de los seres queridos, de mi familia, y encima peleando con un proyecto que no se me daba. No encontraba esa convivencia sagrada que hay en Werken, en el sentido que la banda está, nos llevamos bien, hay buena química y los músicos son muy responsables”, resalta.
Todo ese combo, refuerza el propósito inicial, pero con el propósito de trascender desde su tierra. “Nuestro destino es proyectar desde acá lo que podamos llevar a otro lado, porque cuando viajamos, llevamos nuestra esencia, sabiendo que vamos a mostrar a Comodoro y a la Patagonia”, asevera.
Hoy, Sandro Siracusa siente que recuperó más de lo que concierne meramente a lo musical. “Tenemos un vínculo humano muy importante. Me hizo muy bien volver con mis afectos y Dios me puso en el camino a las personas indicadas, en el momento que más las necesitaba. Hoy, mi alimentación musical también viene de los chicos. Si estaba solo, no sé si podría haber seguido. Eso se lo agradezco infinitamente a los pibes, que se pusieron la bandera de Werken y la pelean tanto como yo”, resalta.
“A pesar de la edad que tengo, me siento muy joven, porque recuperé la energía que había perdido. Son buenos pibes, de buena madera, nos apartamos de los vicios y es importante estar en un entorno sano, algo que no siempre fue así”, revela Siracusa, con una honestidad que refleja el presente de una banda que despliega sus alas nuevamente, esta vez, dirigiéndose hacia un horizonte totalmente despejado.
Nota: Lorenzo Martins
Fotos: Aylén Martins
