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La vida en celuloide, en hojas y con ojos jóvenes

El fotolibro de Migue Reinoso reúne experiencias analógicas que se adentran en la idiosincrasia urbana de una ciudad donde, las miradas del alma, combaten a las modas y al consumo.Cuando uno no va tan apurado, está bueno desconectarse y prestar atención”, reflexiona el joven autor de “Quizás donde te puedas encontrar”.

Comodoro Rivadavia guarda historias tan recordadas, paisajes tan visibles, pero también historias y paisajes donde la inmediatez ni los ve pasar, donde cada protagonista tiene su paisaje, tan único como cotidiano, y tan invisible para la mayoría.

“No me denomino fotógrafo. Para mí, la fotografía es una herramienta de expresión”, le aclara Migue Reinoso a Patagonia en Escena. “Quizás donde te puedas encontrar” lleva por nombre este fotolibro, en el cual el propio autor, de 26 años, plasmó su esencia a través de la fotografía analógica.

“Yo hacía fanzines. Carecía de dinero como para llegar a hacer algo físico, con un buen papel y una buena presentación. Lo que iba a ser un fanzine con fotos, terminó siendo un fotolibro por la calidad del material físico”, admite.

La obra de 34 páginas, de formato horizontal, muestra fotografías en blanco y negro reveladas por el propio autor. “Mi forma de expresarme es en blanco y negro. Es lo que más estudio también. Casi todo lo que está ahí, son tomas con luz natural, en exterior. Y hay algunas de la intimidad”, señala.

La obra fue lanzada a través de la editorial “Reverdecer” y el diseño es de Maylén Colinamún. Su valor es de 1.500 pesos y puede adquirirse comunicándose al 297-5415853, o mediante sus redes sociales: en Instagram (miguere22) y en Facebook (Migue Reinoso).

La idea surge de su pasión por la fotografía analógica. “Todas las fotografías analógicas que me impactaron muchísimo, las vi a través de libros y de los fotógrafos que más me gustan y que son influencia todos los días. Lo analógico queda en un celuloide, en una película, en un negativo, en algo físico. Eso me encanta”, reconoce.

Puede resultar curioso ese interés tan singular de alguien joven por este formato. Pero fue justamente su juventud la que lo llevó a indagar y a enamorarse de lo analógico.

“Tengo 26 años y no viví mucho esa época. La llegué a agarrar a lo último. La generación de los 90 estamos entre la mitad de lo analógico y el principio de la era digital: pasamos de las cámaras a rollo a las cámaras compactas digitales; de un CD a un pendrive; o del VHS al DVD. Entonces, cuando empecé con lo analógico me dio mucha curiosidad”, afirma.

“Tengo que aclarar que no me denomino fotógrafo”, advierte, y explica: “para mí, la fotografía es una herramienta de expresión que encontré en 2019 y descubrí que me gustaba hacía rato”.

Por eso tiene palabras de agradecimiento hacia su mentor. “Quiero agradecerle a Rolando Castro, mi gran maestro que me enseñó todo lo que es fotografía y lo que es el revelado. Con él nos hacemos llamar ‘el equipo Romek’ y revelamos películas, copiamos en el laboratorio las mismas tomas y demás”, remarca.

Por otra parte, aclara que su amor por lo analógico no es moda y tampoco lo pone en contra de lo digital. “Me encanta cómo uno puede llegar a pintar con luz a través de un celuloide. Igual me encanta lo digital, no estoy en contra. Eso lo aclaro siempre, como así también que a esto no lo hago por una moda, sino porque a mí me gusta guardar las fotos en una carpeta física”, argumenta.

EL ARTE DE LA OBSERVACION

El fotolibro de Migue no tiene un orden establecido, sino, más bien, instintivo. “Estaba mi novia con su gato y le saqué fotos, y buscando más material, había una foto de mi hermana que ni recordaba haber sacado, donde estaba con mi perro que falleció hace como dos años. Entonces, surgió eso de vincular a alguien que no está, con alguien que sí está, y también con el amor que uno tiene por los animales”, enfatiza.

Sus observaciones trascienden lo trivial. “Observo mucho a las personas. Por eso hay muchas fotos de calle. Hay muchas fotos de nuestra querida ciudad, pero del paisaje natural de las personas que viven el día a día”, reflexiona.

Un hombre leyendo el diario (algo tan natural como tan “añejo”, para muchos), junto a cinco perros afuera de un supermercado, o alguien caminando a las apuradas, todo encapuchado en una fría tarde comodorense, son imágenes que desencarnan nuestra idiosincrasia, muchas veces pasada por alto.

“Hay un paisaje urbano al que no le prestamos mucha atención. Vamos al centro, al cajero, y no vemos al que está a nuestro lado, al vecino, a la gente que habita tu misma ciudad. Cuando uno no va tan apurado, está bueno desconectarse y prestar atención”, asegura.

En ese “desconectarse”, también subyace aquella necesidad de conectarse con lo más cercano. Por eso, hay lugar con quienes quieran encontrarse en palabras, más allá de las imágenes.

Así lo resume Migue Reinoso: “Emir Castro, un amigo, subió a Instagram un escrito que está dedicado a su madre, que falleció. Me pareció muy lindo y le dije ‘acá tenés un lugar para expresarte’. El nombre del fotolibro es ‘Quizás donde te puedas encontrar’. Entonces, se trata de eso, de encontrarse con una poesía y de encontrarte en una foto”.

Nota: Lorenzo Martins.

Fotos: Migue Reinoso.

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